El escritor español Marcos Jiménez de la Espada, presentó en el año 1881, al Cuarto Congreso Internacional de Americanistas, un trabajo sobre el folklore ecuatoriano, titulado "Colección de Yaravíes Quiteños". Su número era de 18 piezas musicales, que si no pueden ser catalogadas como yaravíes, tienen el valor de haber sido salvadas para nuestro folklore, por el citado escritor español.
Pedro Fermín Cevallos, escritor ambateño, que
también se preocupó de las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, aunque
no las aprecia como se merecen, nos dice: "Los entendidos en la materia no
aciertan a dar con el género a que pertenece. Siendo música de tono triste no
causas tristeza, sino que conmueve eficaz y gustosamente el ánimo para traer a
la memoria las inocentes o no inocentes satisfacciones pasadas.
Es propia de
las serranías, pues en las costas predominan los tonos alegres. Los yaravíes de
los indios, gustan, muy particularmente a los criollos del Ecuador, Perú y
Bolivia, ya españolizados".
Algunos españoles llamaron con este nombre a los cantos
indígenas, "en vista de su tristeza".
Para otros sería, yaraví sería el canto en que se
habla a los muertos.
Creemos que la interpretación más correcta es la
que deriva de los vocablos quichuas "karawi" o
"haravec" y que en tiempos incásicos significaba cualquier aire o
cualquier recitación cantada"
Es una especie de
balada indoafricana que es común a todos los pueblos conquistados por los
incas, y tiene dos formas.
No es una danza, o sea, no se utiliza su
música para bailar, sino para expresar los sentimientos del alma, que en
nuestro caso, son más bien de tristeza que alegría.
EL YUMBO
Esta palabra, lo mismo que el danzante, sirve para indicarnos dos cosas: en
primer lugar, el bailarín que intervenía en ciertas danzas, y en segundo lugar,
el aire musical con el cual bailaban.
Como bailarín, el yumbo es descrito en la siguiente forma por Segundo Luis Moreno, que los vio bailar en la Fiesta de Corpus, en Alangasí: "Visten calzones de lienzo listado, bien ceñidos, y calzan alpargatas. El busto lo llevan desnudo, pintarrajeado, cruzado de bandas de pajarillos embalsamados, de hue-secillos, de Conchitas marinas, etc., tratando de imitar a los jíbaros del Oriente, no solo en sus toscas maneras, sino también en el acento del lenguaje. Un llauto (corona) les ciñe la frente y llevan a la mano una lanza larga de chonta con un haz de cintas de diversos colores, que les sirve para el "baile de las cintas".
Como bailarín, el yumbo es descrito en la siguiente forma por Segundo Luis Moreno, que los vio bailar en la Fiesta de Corpus, en Alangasí: "Visten calzones de lienzo listado, bien ceñidos, y calzan alpargatas. El busto lo llevan desnudo, pintarrajeado, cruzado de bandas de pajarillos embalsamados, de hue-secillos, de Conchitas marinas, etc., tratando de imitar a los jíbaros del Oriente, no solo en sus toscas maneras, sino también en el acento del lenguaje. Un llauto (corona) les ciñe la frente y llevan a la mano una lanza larga de chonta con un haz de cintas de diversos colores, que les sirve para el "baile de las cintas".
El disfraz de estos bailarines representa a los
indios de cierta tribu del Oriente, y por eso se pintan, llevan plumas de
guacamayos, conchas, semillas y otras cuentas, como los salvajes yumbos.
Actualmente, aún se disfrazan de yumbos en
algunas partes, como en Sangol-quí, los indios que participan en las fiestas de
Navidad; los yumbos van delante de la imagen del Niño Dios, cuando van a "parar
una misa"; así, entran en algunas iglesias, y bailando y saltando regresan
a la casa del prioste, en donde participan de la comida y bebida preparada
para tal ocasión.
Como aire musical, el yumbo es una danza
heliolátrica, o sea para ser ejecutada en honor del dios Sol, o del Inca, que
era considerado como hijo del Sol; es danza netamente preincásica.


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