domingo, 1 de mayo de 2016

YARAVÍ Y YUMBO



El escritor español Marcos Jiménez de la Espada, presentó en el año 1881, al Cuarto Congreso Internacional de Americanistas, un trabajo sobre el folklore ecuatoriano, titulado "Colección de Yaravíes Quiteños". Su número era de 18 piezas musicales, que si no pueden ser catalogadas como yaravíes, tienen el valor de haber sido salvadas para nuestro folklore, por el citado escritor espa­ñol.

Pedro Fermín Cevallos, escritor ambateño, que también se preocupó de las costumbres y tradiciones de nuestro pueblo, aunque no las aprecia como se merecen, nos dice: "Los entendidos en la materia no aciertan a dar con el gé­nero a que pertenece. Siendo música de tono triste no causas tristeza, sino que conmueve eficaz y gustosamente el ánimo para traer a la memoria las inocen­tes o no inocentes satisfacciones pasadas.

Es propia de las serranías, pues en las costas predominan los tonos alegres. Los yaravíes de los indios, gustan, muy particularmente a los criollos del Ecuador, Perú y Bolivia, ya españoliza­dos".
Algunos españoles llamaron con este nombre a los cantos indígenas, "en vis­ta de su tristeza".
Para otros sería, yaraví sería el canto en que se habla a los muertos.
Creemos que la interpretación más correcta es la que deriva de los vocablos quichuas  "karawi" o "haravec" y que en tiempos incásicos significaba cualquier aire o cualquier recitación cantada"

      Es una especie de balada indoafricana que es común a todos los pueblos conquistados por los incas, y tiene dos formas. 

No es una danza, o sea, no se utiliza su música para bailar, sino para expresar los sentimientos del alma, que en nuestro caso, son más bien de tristeza que alegría.



          EL  YUMBO
  Esta palabra, lo mismo que el danzante, sirve para indicarnos dos cosas: en primer lugar, el bailarín que intervenía en ciertas danzas, y en segundo lu­gar, el aire musical con el cual bailaban.

Como bailarín, el yumbo es descrito en la siguiente forma por Segundo Luis Moreno, que los vio bailar en la Fiesta de Corpus, en Alangasí: "Visten calzo­nes de lienzo listado, bien ceñidos, y calzan alpargatas. El busto lo llevan des­nudo, pintarrajeado, cruzado de bandas de pajarillos embalsamados, de hue-secillos, de Conchitas marinas, etc., tratando de imitar a los jíbaros del Orien­te, no solo en sus toscas maneras, sino también en el acento del lenguaje. Un llauto (corona) les ciñe la frente y llevan a la mano una lanza larga de chonta con un haz de cintas de diversos colores, que les sirve para el "baile de las cin­tas".

El disfraz de estos bailarines representa a los indios de cierta tribu del Orien­te, y por eso se pintan, llevan plumas de guacamayos, conchas, semillas y otras cuentas, como los salvajes yumbos.

Actualmente, aún se disfrazan de yumbos en algunas partes, como en Sangol-quí, los indios que participan en las fiestas de Navidad; los yumbos van delan­te de la imagen del Niño Dios, cuando van a "parar una misa"; así, entran en algunas iglesias, y bailando y saltando regresan a la casa del prioste, en don­de participan de la comida y bebida preparada para tal ocasión.

Como aire musical, el yumbo es una danza heliolátrica, o sea para ser ejecu­tada en honor del dios Sol, o del Inca, que era considerado como hijo del Sol; es danza netamente preincásica.

Se la escribe en un ritmo de seis octavos, que es un compás compuesto de dos negras con punto, y cada "tiempo" de este compás está formado por una figu­ra de valor largo (una negra) y otra de valor corto (una corchea); el movimien­to es alegre y vivo.


No hay comentarios:

Publicar un comentario